Testimonios

«Podría resumir mi experiencia en un «me enseñó a vivir». Me enseñó a vivir porque antes de conocerla, no vivía, sobrevivía.La vida me hizo un regalo, ponerla en mi camino. Llegué frente a ella, perdida, hundida, agotada, con una historia olvidada y una mochila llena de piedras que no me dejaba avanzar. Me ayudó a sacar cada una de esas piedras, me ayudó a mirarlas, notar su peso, sus aristas…me ayudó a mirar el dolor de frente, a sentirlo, a atravesarlo y a soltarlo. Esa mochila pesa menos, ando más ligera… Me ayudó a mirarme, a sentirme, a aceptarme, a quererme y mirarme, a darme permiso a ser lo que soy. Permiso para estar triste, permiso para llorar, para reír, para cabrearme como una mona, si así lo siento, permiso para soñar y para caer, permiso para descansar o para comerme el mundo con patatas. Me enseñó a SER… Me enseñó que la vida es como ella quiere ser y no como nosotros queramos que sea. La vida está para fluir con ella…para bailar con ella…A veces un vals, a veces un rock & roll, o la balada más triste…pero está dentro del mismo espectáculo, el espectáculo de vivir. Podría decir que es una gran profesional, y así es, pero lo que yo me encontré además de eso, fue a un grandísimo SER humano. Una persona que abre su corazón para acoger al tuyo, que está contigo con los cinco sentidos y alguno más que la hace tan especial…Que está ahí, contigo, intentando abrir ese camino de luz que tanto necesitas. Pero hay algo que debemos tener claro…ellos nos dan las herramientas, nosotros somos los encargados de utilizarlas para construir la vida que queremos. No tengamos miedo de curar las heridas del alma… Eternamente agradecida a la vida por ponerte en mi camino cuando más lo necesitaba.» (M.T. 39 años)


Durante casi dos años he estado recibiendo terapia con Inés, durante los cuales me he sentido en todo momento respetada, comprendida y muy bien acompañada durante todo el proceso de superación de mis miedos. (S.L. 17 años)


«Desde el primer momento, creó un espacio de confianza en el que poder abrirme, reconocerme, escucharme… Su cercanía, su comprensión y su habilidad para conducirme a la autorreflexión, hicieron que poco a poco fuese comprendiendo los verdaderos motivos de mi malestar, de mi tensión y mi rigidez. Me facilitó los instrumentos para escucharme a mí misma y a mi cuerpo, para comprenderme y valorarme. Me ayudó a entender que debía dejar ir todo aquello que no puedo controlar y a aceptar lo que me produce miedo, tristeza o simplemente, lo que no me hace feliz. Me hizo ver que debía permitirme ser quién soy y sobre todo permitirme sentir, en cada momento y sin miedo a ser juzgada. Me recordó algo tan básico como el acto de respirar, algo que ya había olvidado; igual que había olvidado la fortaleza con la que en el pasado afronté y superé situaciones. Creía conocerme, aunque no era así, y quién me iba a decir que después de más de un año iba a ser la persona que soy hoy. Una persona capaz de hacer reflexiones personales y emocionales que me llevan a ser mejor persona conmigo misma y con los que me rodean. Y a pesar de lo intenso que puede llegar a ser el camino, gracias a ella, el proceso fue más fácil. Sin duda has ocupado un lugar muy especial e importante en mi vida y siempre te lo agradeceré. Mil gracias por la “comprensión”, y por darle otra mirada a esa palabra tan recurrente en mis sesiones». (S.V. 29 años)


«Durante un tiempo sentí que no encontraba un significado a mi vida y lo que estaba viviendo. No entendía porque habiendo logrado todo lo que me proponía no me hacía sentir a gusto conmigo misma. Cuando decidí ir a terapia, supuso un gran paso, ya que aún siendo consciente de todo lo bueno que una terapia puede aportar, había en mí cierto recelo al rechazo social. Más tarde comprendí que estaba equivocada. Inés me recibió con una voz dulce, una gran sonrisa y los abrazos abiertos. Gracias a nuestras sesiones, aprendí a situar y gestionar emociones y sentimientos que no acababan de estar bien dentro de mí y no me dejaban ver con claridad para avanzar. Aprendí a mejorar, a detectar que me causa malestar y lo más difícil e importante, a saber encontrar dentro de mí la manera de solucionarlo. Me enseñó a diseñar diferentes recursos para sobrellevar situaciones y emociones. Ahora llevo conmigo todo ese aprendizaje, que me ayuda a estar bien conmigo misma y a mejorar aquello con lo que no estoy a gusto. Ya he entendido que el significado a mi vida se lo aporto yo. Ahora que ya hace unos meses que acabé, creo que decidir ir a terapia fue la mejor opción que pude tomar.» (R.M. 30 años)


Al principio me costó, pero he sentido mucha evolución positiva, me ha ido muy bien afrontar, aceptar y digerir sentimientos, son nudos que están ahí. Siento más confianza en mí y he mejorado mis relaciones personales. Ahora siento más alegría y creatividad. (C.V. 45 años)


He cambiado mucho, ahora gestiono mucho mejor emocionalmente. Se ha suavizado mi lenguaje hacia mí misma y también en mis relaciones personales. Me ha ayudado mucho aprender la conciencia dual, la conciencia corporal. Ahora el referente está dentro de mí. Cada vez soy más clara y concreta aunque me haya costado mucho. Muy satisfecha de la relación con Inés. (N.C. 51 años)


No me fiaba de mis emociones y de mi cuerpo, y la terapia me ha ayudado a conocerme y expresarme de otra manera, gracias a incorporal mi mundo emocional y reconocerme. Ahora puedo acogerme a mí misma y aceptarme mucho mejor. (A.Z. 35 años)


He podido entrar en lugares oscuros, tengo menos miedo y estoy más relajada. Ha aumentado mi capacidad de respiración, he podido expresar emociones antiguas como la rabia, ahora siento como la emoción sale del corazón. Hay más espacio de tranquilidad en mi interior y menos juicio personal. (P.B. 52 años)


Estuve con otros profesionales de la Psicoterapia antes pero nada en comparación. No me enseñaban a gestionar, Inés me ha dado recursos y me ha ayudado a sentir mi mundo emocional, a conocerme, a saber que sentía y a saber entrar dentro de mí y que yo pudiera desgranar las emociones y de dónde venían. Me ha ayudado mucho. (L.F. 24 años)


«Acudí a terapia por recomendación de una gran amiga, después de dos semanas ingresada en un hospital después de sufrir un shock esquizofrénico. Al llegar allí, no fui juzgada ni cuestionada en ningún momento, me acogieron con enorme paciencia y amor. Las sesiones de terapia no fueron las » típicas » sesiones de psicólogo, fueron sesiones que te hacen vivir, enfrentarte y acariciar tu dolor para saber acogerlo, acercarte a él y poder sobreponerte, todo con una enorme profesionalidad y sabiduría. No puedo estar más agradecida por toda esta gran experiencia vivida». (M.M. 43 años)