Categoría: GESTIÓN EMOCIONAL

Psicología y Psicoterapia

Desde mi perspectiva personal la Psicología y la Psicoterapia son un matrimonio perfecto. La Psicología es la ciencia que estudia los procesos mentales, las sensaciones, las percepciones y el comportamiento del ser humano, en relación con el medio ambiente físico y social que lo rodea. Por otro lado, la Psicoterapia es el tratamiento que tiene como objetivo el cambio de pensamientos, sentimientos y conductas.

Ambas son un equipo perfecto y necesario en el desarrollo y tratamiento de los diversos malestares que puede llegar a sentir el ser humano.

EL MIEDO

El miedo es una respuesta emocional primaria que tiene una función apremiante orientada a nuestra supervivencia, movilizarnos a escapar del peligro y/o protegernos del mismo. Es una emoción adaptativa que colabora en la conservación de nuestra especie.

Sentir miedo nos permite anticiparnos a una amenaza o peligro real que nos produce incertidumbre, inseguridad o pone en riesgo nuestra vida. Esta tendencia de acción constituye una respuesta compleja e integrada de la mente y el cuerpo. Se activa el sistema nervioso simpático*, sentimos una subida de la adrenalina*, nos ponemos más en alerta y focalizamos nuestra atención en la situación inmediata. Generalmente, es una respuesta transitoria a un estímulo específico que disminuye una vez que hemos escapado del peligro.

Sentir miedo nos permite anticiparnos a una amenaza o peligro real que nos produce incertidumbre, inseguridad o pone en riesgo nuestra vida. Esta tendencia de acción constituye una respuesta compleja e integrada de la mente y el cuerpo. Se activa el sistema nervioso simpático*, sentimos una subida de la adrenalina*, nos ponemos más en alerta y focalizamos nuestra atención en la situación inmediata. Generalmente, es una respuesta transitoria a un estímulo específico que disminuye una vez que hemos escapado del peligro.

Aunque con frecuencia los términos de miedo y ansiedad se usan indistintamente, son experiencias emocionales diferentes. El miedo es una respuesta emocional fundamental a un estímulo externo real. Por otra parte, la ansiedad es una respuesta a situaciones simbólicas, psicológicas o sociales, en vez de a la presencia física inmediata de peligro. Concretamente, la ansiedad se caracteriza por presentar un conjunto de respuestas psicológicas, fisiológicas y/o conductuales que frecuentemente tienen un componente de miedo asociado.

Fotografía por Jesse Orrico

Adrenalina: Hormona segregada principalmente por la médula de las glándulas suprarrenales, que aumenta la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y la cantidad de glucosa en sangre.

Cuando sentimos miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo escénico, y otros similares, nos referimos a un miedo producido por un componente psicológico y no a un estímulo específico de peligro real en el momento presente. En consecuencia, no sentimos la emoción primaria adaptativa de miedo sino ansiedad ante la situación que lo provoca. Dicha ansiedad puede provenir de respuestas emocionales primarias que se han vuelto disfuncionales, tales como el miedo asociado con diferentes tipos de fobias, o el miedo al bienestar o al contacto interpersonal.

Por lo general, se basan en el aprendizaje y se encuentran inmersas en los esquemas relacionales*. Estas respuestas emocionales fueron inicialmente adaptativas, tal como aprender a tener miedo de la proximidad emocional debido a que ésta se asoció con decepción, control o violencia, o sentir vergüenza debido a que los esfuerzos o modos de expresarse de uno fueron humillados.

En conclusión, gracias al miedo podemos adaptarnos a situaciones de peligro y conservar nuestra vida. Es una emoción natural con un componente social significativo puesto que nos insta a la protección de nuestra propia vida y la de otros reduciendo así, la posibilidad de que actuemos con temeridad.

Por otro lado, cuando se trata de ansiedad producida por miedos psicológicos es necesario valorar si ésta es puntual y/o circunstancial, tal como, plazos de entrega ajustados, obligaciones sociales importantes, empezar un trabajo nuevo, tener un primer hijo, etc. En este tipo de situaciones se trata de una ansiedad leve que puede ayudarnos a mantenernos alerta, mejorar el aprendizaje, resolver problemas de manera eficaz, etc. En definitiva, este nivel de ansiedad es tolerable y corresponde a una respuesta natural de nuestro organismo. Si por el contrario, se trata de una respuesta constante en el tiempo de miedo psicológico que va limitando nuestra calidad de vida, es necesario conocer el esquema relacional desadaptativo subyacente a esos miedos psicológicos y explorarlos con una actitud de comprensión y aceptación propiciada por la propia relación terapéutica.

*Esquemas relacionales: Construcción de significados internos que hemos creado de nosotros mismos y del mundo en relación a las experiencias relacionales vividas.

Los 3 motivadores que nos mueven como especie

Los seres humanos damos forma a nuestro sentir de ser organizando nuestra experiencia en base a tres motivadores que nos mueven como especia: 


La necesidad de estar vinculados (en relación) con otro ser humano. Como mamíferos, no podemos sobrevivir por nosotros mismos puesto que nuestras necesidades dependen de nuestros cuidadores.

Si el cuidado ha sido suficientemente nutritivo en los primeros años de vida, es decir, se ha fundamentado sobre interacciones protectoras y calmantes cuando el bebé las requería, entonces se establece un sentido del yo como valioso y merecedor/@ de amor y cuidado.

Los adultos que no han establecido bien esta etapa y no han consolidado este aprendizaje, tendrán dificultades al sentirse amados y pueden vivir con una inseguridad básica sobre el derecho a merecer ser amados.

A partir de estos “esquemas de estar en relación” que aprendemos de nuestras relaciones interpersonales primarias, los seres humanos vamos generalizando, o trasladando, estas formas de comportarnos a otros personas de nuestra escena cotidiana.

Cuando llegamos al colegio, ya tenemos un patrón aprendido de como estar y ser ante los adultos y figuras de autoridad. Y cuando somos adultos, ya sin ser conscientes de ello, activamos nuestras maneras aprendidas de sentirnos y estar ante los otros.

Dado que desarrollamos muchos esquemas de relación tendremos un esquema para estar y sentirnos entre nuestros iguales (generalmente aprendido en las relaciones de hermanos y compañeros), un esquema para relacionarnos con las figuras masculinas, otro con las figuras femeninas, otro con las figuras de autoridad, etc.

Esta necesidad motivacional de estar en relación condiciona así mismo otro de los apetitos psicológicos básicos, la “necesidad de estructura”. Por necesidad de estructura me refiero a la necesidad de hacer el mundo predecible en general, y particularmente la necesidad de autodefinirnos y definir al resto, a la vida y al mundo.

La estructura nos ayuda a entender el mundo, es como un mapa para poder movernos en la realidad, para tener una guía para la acción en el mundo.

El lenguaje, las reglas de comportamiento, las rutinas, las costumbres y tantos otros aprendizajes, dan estructura a la vida dotándonos de códigos para movernos en nuestra cultura familiar y social.

Las valoraciones de “quién soy yo” las elaboramos a partir de cómo nos tratan y como ven los otros. Hay que recalcar que esto no es determinista, somos arquitectos de nuestro yo. Construimos el edificio de nuestra identidad pero la construimos con ladrillos y materiales que nos ofrece el entorno y las relaciones.

La estructura nos ayuda a entender el mundo, es como un mapa para poder movernos en la realidad, para tener una guía para la acción en el mundo.

Las normas y límites, son necesarios, y forman parte de la estructura para comprender y entender el mundo.

Necesitamos conservar un equilibrio de fuerzas entre la necesidad de relación y de estructura. Según hayan sido nuestras relaciones primarias mantener el equilibrio entre las dos necesidades puede requerir de un esfuerzo muy grande.
Por límite entendemos como una línea imaginaria que separa las conductas aceptables de las no aceptables.

La tercera de las necesidades que motivan la conducta del ser humano es “la necesidad de estímulos”. Como organismo vivo, necesitamos nutrirnos del entorno exterior, estar en contacto con los estímulos de nuestro mundo interno (sensaciones, necesidades, pensamientos, fantasías, emociones, recuerdos…) y los estímulos procedentes del mundo externo que encajan o no con lo que se despierta internamente.

Necesitamos ser estimulados tanto por el mundo interno como por el mundo externo para poder desarrollarnos y madurar. 

Cuando no estamos suficientemente bien estimulados, nos volvemos pasivos y reservados como defensa pasiva, o por el contrario agresivos y violentos como defensa activa.

Un déficit de estímulos en el mundo interno-externo compuerta la depresión y un exceso puede comportar la ansiedad y el estrés.

Referencia Bibliográfica: Salvador, M. (2016). Más allá del Yo: Encontrar nuestra esencia en la curación del trauma. España. Eleftheria.

Necesidad Relacional. La importancia de vincularnos.

Las relaciones interpersonales son un aspecto clave del desarrollo saludable de una persona y de su calidad de vida.

Es mediante las relaciones con las demás personas donde aprendemos nuestra relación intrapersonal (la relación con nosotros mimos).


La forma en la que nos comunicamos con los otros y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestras vidas”.

Anthony Robbins, autor de libros de desarrollo personal y orador motivacional.


Desde el mismo momento del nacimiento de un ser humano, son los procesos interpersonales los que le proporcionan el significado y contexto de las sensaciones y emociones, de los estímulos, y, por tanto, le generan estructura.


Los vínculos interpersonales configuran las conexiones neuronales de las cuales emerge la mente. Los patrones de relación y la comunicación emocional afectan directamente el desarrollo del cerebro”.

Daniel J. Siegel, es médico, escritor y profesor clínico de psiquiatría a la Escuela de Medicina de la UCLA

La mente humana emerge de patrones en el flujo de la energía y la información dentro del cerebro y entre diferentes cerebros (relaciones).

La mente se crea dentro de la interacción de procesos internos neuropsicológicos y de experiencias interpersonales.

La estructura y funciones del cerebro en desarrollo se determina por como las experiencias, especialmente dentro de las relaciones interpersonales, dan forma a la maduración genéticamente programada del sistema nervioso.

Fotografía por Hannah Busing

La inteligencia emocional empieza a desarrollarse en los primeros años. Todos los intercambios que los niños pequeños tienen con sus padres, los maestros y el resto llevan mensajes emocionales”.

Daniel Goleman, psicólogo norteamericano

La Autoestima

La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.  La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices;  el sentimiento de ser respetables, de ser dignos, y de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestras esfuerzos.

La esencia de la Autoestima es confiar en nosotr@s mism@s y en saber que somos merecedores de la felicidad.

Lo que muchos de nosotr@s necesitamos, aunque pueda sonar paradójico, es el coraje para tolerar la felicidad sin sabotearnos a nosotr@s mism@s.

La autoestima – alta o baja – tiende a generar profecías que se cumplen por sí mismas.  Si dispongo de una autoestima alta puedo predecir éxitos y logros en las metas que quiero conseguir, confiaré en mis capacidades para conseguir aquello que me propongo. Ésto está muy relacionado en la forma en la que voy a hablarme a mí mism@ al respecto, animándome y confiando en mí.

Si por otro lado, dudo de mis capacidades y desconfío de ser capaz de conseguir mis objetivos puedo predecir fracasos o lo que es peor puedo quedarme paralizad@ y ni siquiera intentarlo. De forma que la profecía se autocumple al ni siquiera intentarlo.

Fotografía por Annie Spratt

Una autoestima saludable se relaciona con:

  • La racionalidad y realismo: es la búsqueda del significado y la comprensión de las relaciones. Su base está en el respeto a los hechos. La búsqueda de la razón es la de la integración no contradictoria con la experiencia, que implica una disponibilidad y una actitud abierta a la experiencia. No es sierva ni de la tradición ni del consenso.
  • Intuición: se relaciona significativamente con la autoestima, sólo en la medida que expresa una alta sensibilidad a las señales internas y el respeto apropiado a éstas.
  • Creatividad: los estudios dicen que la persona creativa tiene mucho más a anotar las ideas interesantes en una agenda; pasa mucho tiempo ampliándolas y cultivándolas; gasta energía investigando dónde pueden conducirle. Valoran los productos de su mente.
  • Independencia: el hecho de pensar por un@ mism@ es el corolario natural de una autoestima saludable. Al igual, que la práctica de ser totalmente responsable de la propia existencia, para la realización de sus propias metas y para la consecución de su propia felicidad. 
  • Flexibilidad y capacidad para afrontar los cambios: Ser flexible significa tener la capacidad de reaccionar a los cambios sin que ataduras inapropiadas te liguen al pasado. Una mente que confía en sí misma se mueve con agilidad, sin el estorbo de ataduras irrelevantes, capaz de responder rápidamente a las novedades porque está abierta a considerarlas.
  • Deseo de admitir y corregir los errores: los hechos tienen una prioridad superior a las creencias, la verdad es un valor superior a tener razón. Si la confianza en un@ mism@ se une al respeto a la realidad, el corregir un error se considerará mejor que fingir no haberlo cometido.
  • Benevolencia y cooperación: si me ocupo de mi mism@, segur@ de mis propios límites, segur@ que cuando quiero decir sí es sí y de que cuando quiero decir no es no, la benevolencia es el estado natural. Mi relación con los demás tiende a reflejar la relación que tengo conmigo mism@.

Bilbiografia: Branden, N. (2011). Los seis pilares de la autoestima.